2.2.10

CUENTOS QUE SON DENUNCIAS

Recuerdo haber leído a Pérez Reverte que le encanta sentarse en las terrazas e imaginar la vida y las historias de la gente a la que ve pasar y que le sirven de inspiración para sus obras. Yo tengo la suerte o la desgracia de que no me hace falta imaginarlas, sino que me las cuentan y yo las escucho de mil amores, porque de todos y de todo se aprende. Todo el mundo merece esa atención y muchas veces, con esa escucha activa, has hecho más labor social que todas las ayudas sociales, municipales, autonómicas y gubernamentales con las que se les llena la boca a todos y que de poquito sirven si se quedan en eso, en lo meramente material.

* Érase una vez un señor de 63 años, en Sto. Domingo, que desde el día 19 de diciembre (incluyendo los días festivos de navidades) pasa las noches entre el cajero de Ibercaja y la marquesina de autobuses. Le han echado de su casa, donde tiene mujer e hijos, acusado de maltrato psicológico, todavía sin demostrar, ya que no ha salido el juicio. Trabajó más de 40 años de comercial, mientras su señora se dedicó a la casa y los hijos. Disponía de licencia de armas por ser cazador y de arma de la que se deshizo tirándola al río, después de salir de casa, para no hacer ninguna barbaridad, de la que ahora se arrepiente de no haber hecho, porque vivir como vive, no es vivir. Le pregunté si no tenía familia, además de sus hijos, que han debido tomar partido del lado de la madre y deben tener la sangre de horchata, dejando a un padre en la calle como a un perro y me contestó que tiene hermanos en Asturias y algún otro punto, pero que no quería cargar a nadie con problemas que sólo eran suyos. Me contaba con tristeza que tenía miedo de no poder soportar las temperaturas de la ola de frío que anunciaban para la semana pasada y que si yo creía oportuno que debía llamar a la trabajadora social del Ayto. y a la de Cáritas, después de que ya le habían ofrecido una ayuda puntual. Le dije que por supuesto que debía, que esos servicios estaban para eso y que se pagaban con los impuestos de todos, incluídos con los suyos, en su momento. Me dió las gracias por escucharle y aconsejarle y, en ningún momento, me pidió ni un céntimo y sí me pidió disculpas por si me había molestado con su historia "gratuita". Todo orgullo, limpieza, educación y saber estar. Nada me hizo sospechar su penosa situación, antes de entablar conversación, quejándose de que cada pueblo tiene lo que se merece, comparando los servicios de Aytos. como Nájera y Sto. Domingo, de diferente signo político. Según él, el actual alcalde lo primero que había hecho era subirse el sueldo y dejar de lado servicios como la estación de autobuses, que nada tenía que ver con la del vecino Nájera. Con esto, quiero decir que sólo queda "hacer el bien, sin mirar a quién". Y que me encantaría conocer la historia desde el lado de su señora y sus hijos para tomar una decisión tan drástica y para mí nunca admisible ya que existen muchas maneras y no somos animales.

* Érase una vez una chica, cubana, de menos de 30, con dos hijos (sólo hijos de ella), uno de ellos con minusvalía, casada con un señor de 60, riojano y que no le deja trabajar, relacionarse con amigas ni amigos, para tenerla bajo su yugo. Él presume de que la mantiene a ella y a sus hijos, aunque la maltrata a diario, insulta y menosprecia a cada minuto. Ella, asustada, no se vuelve a su país porque él la seguiría y allí, las mujeres no están tan protegidas como aquí. y vive con el temor de que llegue la edad de jubilación de su marido porque, entonces, lo tendrá que soportar a todas horas. Ahora sólo tiene un momento de respiro cuando él se marcha a trabajar. Me recuerda esas películas de "Durmiendo con tu enemigo", pero la realidad siempre supera la ficción. Tiene que enviar dinero a su madre enferma a escondidas y sigue empeñada en buscar un trabajo que pueda hacer en el rato que él está fuera y poder abrirse una cuenta sin que él se entere. Lo conoció en Cuba, donde él regentó un negocio y tuvo que soportar compartirlo con otras mujeres, durante un montón de años, hasta que por fín, se decidió por ella, cual premio de consolación. Desde aquí, mi denuncia por esos "falsos machitos", proveedores de alimentos de sus hembras, a cambio de considerarlas meros "objetos" de su propiedad y, como en su momento le aconsejé a ella, antes de despedirme al llegar a nuestro destino, nada justifica, ni siquiera la necesidad, el tener que soportar carros y carretas, insultos y menosprecios de nadie y menos de alguien que se ha comprometido a protegerte y ayudarte en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu y su vida. Porque, así, tus malos instintos sólo pueden desear que sus días de vida sean los menos posibles, para que no te amargue los tuyos.

10 comentarios:

la cabaña progresista dijo...

Dos historias desgarradoras IBE, de esas que te quedas sin palabras después de leerlas. Siempre me he preguntado cuántas personas en este tipo de situaciones deambulan cerca de nosotros si ni tan siquiera darnos cuenta de que existen. Simplemente, como tu haces, escuchándolas, ya es un acto agradable para ellas.

IBE dijo...

Por lo menos, Cabaña, como me decía el señor mayor, había sentido que se había desahogado un poco contándolo y me veía receptiva, cuando le expliqué que sp había que escuchar las 2 versiones, que ahora nos ofuscamos con el tema de las mujeres, pero que tenemos una legislación obsoleta en cuanto a temas de paternidad, por ejemplo, que dejan totalmente de lado al padre, cornudo y además apaleado (mi apasionante trabajo de doctorado, para más señas).

Sabes que has sido útil, pero llegas a casa con la amargura de no haber podido hacer algo más, sino denunciar la situación a la que muchos se ven abocados y en la que otros viven atrapados.

Un saludo y gracias.

Sicilia dijo...

Bien IBE, vivimos rodeados de historis increibles que siempre superan a la ficción.

En cuanto a escuchar, cada día escuchamos menos y oímos demasiadas cosas.
No tengo criterios a seguir para aconsejar supongo que la otra parte tendrá su propia historia igual de dura.

No te enganches a demasiadas tragedias al final, queman la moral del oyente.

IBE dijo...

Totalmente de acuerdo, Sicilia, y por ello existe la frase tan certera de que "es más importante escuchar que hablar y que, por eso, tenemos dos oídos y una sóla boca".

En tantos años trabajando de cara al público, he aprendido a empatizar con las personas. En muchos casos, he trabado incluso fuertes lazos de amistad que perduran con los años. Para mí, el ser un buen profesional, no está reñido con ser "excesivamente" amable, como llegan a tidar a muchos los compis envidiosos que se levantan con cara de acelga y se acuestan con la misma cara o peor.

Aunque intentes no implicarte demasiado, siempre terminas pensando en esas historias tan crudas y eso, precisamente, te hace valorar lo que tienes, sin desear mucho más.

S. dijo...

Vayas historias.Y lo trágico es que son reales.

IBE dijo...

Pues sí, S., cuando te hablan de indigentes con una triste historia detrás o mujeres maltratadas, no hace falta pasar 21 días con ninguno de ellos, alimentando el morbo. Basta un ratito de nada para ver que son reales y los tenemos al ladito.

India Ning dijo...

Ojalá cuentos como estos fuesen pura imaginación, pero por desgracia en ambos casos, la realidad supera la ficción.
El primer relato me trae a la memoria dos ejemplos muy cercanos a mi círculo de amistades, y estoy completamente de acuerdo en lo que le contestas a Cabaña; los hombres salen perdiendo, muchas veces injustamente, cuando hay separaciones con denuncias de por medio, juzgándolos sin pruebas mucho antes de un dictamen.


Muy bueno este post. Un placer.

IBE dijo...

Un placer también para mí, India Ning, el verte en este pequeño reducto de libre expresión. Me encanta que, como mujer, compartas también conmigo esa falsa interpretación en el tema de la igualdad. Igualdad, sí, pero sin privilegios, señoras mías...

alegrias dijo...

Mira que hay casos de todo tipo en esta vida, qué triste tener que contarlos o leerlos, ¿verdad? no digamos vivirlos...
A veces me pregunto que es lo que nos lleva del amor a "éso" y no puedo más que llegar a la conclusión que amor jamás hubo, porque el amor es imposible que pueda derivar en algo que pueda semejarse en un mínimo de crueldad y menos que pueda afectar a los hijos. Egoísmo, puro y duro, con dosis de otro montón de malos sentimientos...
Un abrazo.

IBE dijo...

Veo Alegrías, que te estás poniendo al día en los blogs a marchas forzadas, ja,ja, muchas gracias por dedicar tu tiempo a mis humildes reflexiones y/o neuras.

Un beso.