
Ha quedado visto para sentencia el juicio del Yak 42, un vergonzoso capítulo sobre un fatídico accidente del que debe conocerse sin falta el autor intelectual de la orden.
De las conclusiones del fiscal, se deducía que se va estrechando el cerco a Trillo e incluso al ex-presidente Aznar, de no ser que el general Navarro quiera "comerse el solito el marrón".
Es indignante que ahora quieran echar la culpa a los turcos cuando, de no ser por el imán, que entregó unas chapas de identificación a los familiares (con las que se suponían habían identificado algunos cuerpos esta panda de mentirosos compulsivos), no hubiésemos sabido nada de todo esto. Se hicieron informes como documentación sin papel oficial, cuando para otras cosas la administración es tan puntillosa. Es conocido que se hizo un viaje por una autoridad española para intentar comprar el silencio de los turcos (en mi pueblo es soborno), diciendo que los análisis se iban a hacer en España. En televisión, se acallaron las voces de los familiares que se quejaban el día del funeral de Estado, porque no interesaba que se supiera la verdad.
¿Desde cuando es tan importante llegar a tiempo a un funeral si el fallecido, tristemente, ya no va a salir corriendo? Para llegar a tiempo, se incumplió la Ley del Registro civil y se renunció a tomar muestras de ADN. Los turcos entregaron un acta con 32 cuerpos identificados y 30 espacios en blanco, que el general rellenó con identidades inventadas. Así que, no es de extrañar que, en un mismo féretro, hubiese restos de 3 ADN, es decir tres identidades diferentes. Ha quedado también demostrado que la decisión de la repatriación de los cuerpos se tomó por anticipado, antes de terminar la labor de identificación de los cuerpos.
El fiscal Burgos, se ha pasado una hora larga contando todos y cada uno de los errores cometidos por el equipo español, encabezado por el general Navarro que, si no nos cuenta de quién le venían las órdenes, esperemos que le compense el haberlas cumplido, porque le viene "cojonuda", aunque él dice que no buscaba la gloria, porque ya había visto cumplidas sus espectativas en la carrera militar.
Lo peor de todo no es la larga cadena de "cagadas" de esta gentuza, sino el cinismo que les adorna, echando la culpa a los turcos, que en otros tiempos les tenían que haber retado a duelo allí mismo o a peligro de crear un conflicto diplomático "de mil pares".
Esta gente no tiene vergüenza, ni decencia. Y aún tengo que aguantar a la otra pava de la Espe A. diciendo que fué un error, que ella comete muchos a diario: vete y dile a la mujer de un fallecido que le has dado a enterrar a otro, pero que tú también te has puesto medias negras por azul marino, algún día, al salir de casa con prisas.
Como ha pedido el fiscal que, por favor, el tribunal dedique una valoración especial a los daños morales que han sufrido los familiares que han padecido el doble con esta historia, aunque los anteriores políticos actuaron con prisas para que sufrieran menos. Claro: ¿a quién beneficiaba "políticamente" la diligencia en la resolución del caso, adelantando el funeral de Estado? Blanco y en botella o ¿de qué color es el caballo blanco de Santiago? El general Navarro era militar, no político recién llegado al Gobierno con ganas de "echarse el pegote", ergo...debería seguirse investigando en esa línea y que no se de el caso por cerrado. Nadie tiene prisas ahora por conocer quién o quienes dieron la orden de no terminar las identificaciones, quién o quienes son los autores intelectuales de tamaña fechoría. Estamos esperando...



Fuentes del PCE han manifestado que esta querella "debe salir adelante por los fundamentos en los que se basa, por tener una base jurídica seria y consecuente, y porque hay un clamor social en torno a que Aznar y algunos ministros de su gabinete, metieron a España en una guerra incumpliendo las normas constitucionales y sin pasar por el Parlamento, en contra de la mayoría del pueblo español".
Un agente de la Ertzaintza fuera de servicio, impidió anoche en Vitoria que una mujer fuera víctima de un maltrato por parte de su pareja. El agente caminaba por la vía pública cuando advirtió que una mujer que viajaba en un vehículo iba a ser agredida por el conductor del coche, que iba dando frenazos y acelerones bruscos.

